Galería Norte Verde

NUESTROS LIBROS: El día de asueto

Nunca sucede nada de lo que deseamos. Lo sé muy bien. No pasa nada.
Inès Cagnati

Sugiere placer el título de la que fue la primera novela de Inès Cagnati, pero El día de asueto es uno de los libros recientemente publicados (en 2021 en Errata Naturae) que ha logrado transmitirnos, de forma más clara, el desamparo en la infancia, su frío y la necesidad absoluta del calor de figuras familiares en la edad vulnerable.

Cagnati nació en 1937 en Monclar (Francia), en el seno de una familia emigrada de Italia y dedicada a la agricultura: el medio rural tendría una influencia importante en su trabajo y también está absolutamente presente en este texto, en el que la extensa familia de la protagonista habita, más que vive, en una casa alejada de cualquier población y se dedica fundamentalmente a la supervivencia. Estudiaría la escritora Letras Modernas, ejercería como maestra y sus dos novelas fundamentales serían la citada, que le valió el premio Roger-Nimier en 1973, y Génie la loca, premio Deux Magots cuatro años más tarde. Falleció Cagnati en 2007.

En El día de asueto cuenta, en primera persona, sus vivencias la adolescente Galla y ella es la protagonista única de este relato porque nadie hace sombra… a su soledad. Entre semana reside y estudia en su colegio, incomprendida por compañeras que no se quieren acercar a su evidente pobreza y que parecen no considerarla parte del mundo civilizado; la única excepción es Fanny, que encarna para ella una belleza y una bondad, extrañas por lo escasas, que de forma no casual van de la mano. Siente la niña, además, adoración por su madre, de presencia esquiva, y por Antonnella, una de sus varias hermanas pequeñas, pero ese amor ofrece escaso fruto y se traduce, sobre todo, en el deseo de salvarlas del lugar en el que viven, una granja plena de barro en el que su familia toda, y también las cosechas y hasta los animales, mueren con la misma naturalidad con la que vienen al mundo o se echan a perder en vida. No puede tampoco apoyarse en su padre, embrutecido por el trabajo e incapaz de ofrecer ningún tipo de cariño, de modo que los fines de semana, los días de asueto, consisten en atender a las vacas, ejercer de madre con las hermanas que no dejan de llegar (sin ni siquiera recibir nombre) y velar por la labor, llueva o haga sol.

Por su mente pasan el desierto, el hambre o la obsesión por no perder una bicicleta por la que llega a experimentar afecto cierto; cuenta Cagnati el abandono sin ponerle nombre, desde la naturalidad de una joven que ha asimilado su situación y no guarda grandes esperanzas pero sí espera minúsculos milagros; incluso llega a culparse en los momentos en los que irremediablemente piensa que no es querida, que preferiría haber nacido en otro sitio. Ni siquiera experimenta rencor cuando, un día, la puerta de su casa no se abre; cuando lo hace, su padre no le deja entrar y, a la intemperie, encuentra ella refugio en la caseta de su perra y calor en el regazo del animal, a cuyo cachorro llega a envidiar en algunos de los pasajes más conmovedores de esta novela.

Un día de asueto traería para Galla una desgracia (una más pero también la mayor, no menos poderosa porque la intuyamos desde el principio) y, para Cagnati, la ocasión de narrar el peso abrumador de la soledad, y de la miseria cuando va por dentro y por fuera, desde el desgarro pero con infinita sencillez.

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